by Mindi

Vietri Sul Mare – Italia

Vietri Sul Mare – Italia




Tomé el bus desde Dragonea, un barrio trepado en una loma perteneciente a la comuna de Vietri Sul Mare, provincia de Salerno, al sur de Nápoles. Yo iba hacia el centro.
Hasta al viajero más experimentado le pasó que no supo que su parada estaba delante de sus narices e ignorándola terminó en otra ciudad. Sobretodo cuando de Vietri a Salerno no hay más que 12km de distancia.
Y allí estaba yo que sin querer había ido a parar a Salerno capital. Una ciudad, no un pueblo como los demás en los que había estado todos estos días en la “Costa Amalfi”, y que me hace jugar a las adivinanzas: ¿Cómo se vería guayaquil si toda la ciudad tuviese la misma infraestructura que la plaza del Municipio y la Gobernación? La respuesta era: Salerno.

Ya no me enoja el haber ido a parar al sitio ¨equivocado¨ y no saber cómo volver. Esto es grande: ya no me molesta haber cometido un error, ni sentía la necesidad de pasarme un mal rato por la amargura, y más bien empecé a reír.
Preguntando me he enterado que debo caminar unos cuantos metros hacia la parada, donde debo esperar alrededor de 45 mins hasta que pueda subirme en el autobús que va a Vietri Sul Mare.
No me interesa llegar a la parada ahora. Ahora solo sé que estoy en Salerno y que voy a caminarlo un poco.

Centro de Salerno
Centro de Salerno

No sé en qué momento habré perdido la sensación de inseguridad en el mundo y ganado la confianza en todo.
Sentía que no había diferencia entre Guayaquil, Amsterdam o Salerno, que siempre encontraría una solución para todo; que aunque perdiese mis pertenencias, en el peor de los casos, siempre habría personas que me ayudarían; que aunque no tuviese dinero para volver alguien me daría la mano. Que si me desmayase alguien me rescataría.
La sensación es: la de sentirse completo. Aún estando solo sentirte acompañado. Es sentir que simplemente aún no has conocido a todos los extraños desfilando a tu alrededor, pero tienes la seguridad total de que están allí para ti.

He llegado a Vietri a las ocho menos cinco, está anocheciendo y el aire es caliente, es perfecto. De vez en cuando un viento hace volar mi pelo de rizos mientras, mirando a familias enteras sentadas en la plaza frente a la iglesia y a otros cenando en restaurantes, yo transito sin dirección. Observo cada detalle. Las tiendas de cerámica, y de ropa, y las chicas con sus dieciséis y diecisiete años escuchando música en sus móviles, con su piel tostada y sus cabellos largos, oscuros con rayos aclarados en las puntas por donde el verano va dejando su huella, y que me hacen recordar que hace muchos años yo fui una de ellas, y que parece ayer, y que entonces yo no pensaba que un día estaría en Italia, viajando por cuenta propia.

Centro de Vietri Sul Mare
Centro de Vietri Sul Mare

Más adelante me pruebo unas sandalias y decido que me las merezco, que soy lo más importante de mi vida y que me las voy a regalar porque sí, porque estoy teniendo una tarde especial, sin enterarme enseguida que era un ritual. El ritual de hacer las pases conmigo y eso me encanta.

A lo largo de este viaje he ido conociendo personas amigables a cada paso. Compañía encontraba con facilidad cada día. Pero hoy, hoy estaba bien estar conmigo solamente.

Y esto no quiere decir que no haya deseado haber viajado con alguien. Esto solo quiere decir que estoy feliz esta noche de verano en Italia porque ¿cómo no estarlo?

Es entonces cuando, cerca de las nueve, veo el sitio en la calle donde las casas son blancas casi por regla general: el restaurantito tiene precios decentes y familias y parejas riendo. Y sus risas alegran mis oídos y me han convencido de sentarme allí.
He pedido una ensalada de berenjenas asadas y agua mineral.
Los hippies a mi derecha se ven felices, hablan español y no saben que yo les entiendo, y eso me da risa.

p1010743

He esperado poco por mi cena. Con cada bocado digo gracias. A la vida por proveer para que yo pueda cenar, a la vida que me lleva por donde yo le digo que quiero ir. Al universo porque hace crecer alimentos, al universo por tener dentro de sí lugares tan placenteros.

La mujer que se asoma desde su balcón no sabe que la estoy mirando con una sonrisa, mientras me calzo mis sandalias nuevas por debajo de la mesa con una mano y la otra reposa sobre mi mejilla, sosteniendo mi cara que no tiene ganas de dejar de mirarla fumar.
Para mí ella es Italia, ella y su barrio y sus vecinos que comen a mi lado. ¿Cómo tener tiempo para pensar en “lo deprimente que es cenar solo”? como me han dicho algunas personas en algunas ocasiones.
Si decidiste viajar solo, lo deprimente sería deprimirte porque vas a cenar solo. Al contrario, podría convertirse en la experiencia de descubrir sabores mientras se explora el mundo desde una mesa en un callejoncillo de Italia.

Calle en Vietri Sul Mare
Calle en Vietri Sul Mare

Y después del bla-bla-bla con el mesero y otros comensales he pagado la cuenta y me he ido de prisa, a estrenar con un trote mis sandalias nuevas, porque el último bus a Dragonea va a pasar en más o menos diez minutos. Y éste no lo pienso perder.

— Agosto 2016 —

Mindi.






2 thoughts on “Vietri Sul Mare – Italia”

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *


Please wait...

Suscríbete

Te notificaremos cuando un un nuevo post esté listo, y extra novedades. Escribe tu correo electrónico y tu nombre para ser el primero en enterarte.
SpainEnglish