No insistir con lo que no te queda

Es una tarde de primavera en Amsterdam y estoy junto a uno de los canales más importantes de la ciudad, Prinsengracht, buscando un lugar donde parquear mi bicicleta esta tarde.
Descubro un espacio vacío al lado de éste concurrido canal e intento meter mi bici allí. Hay dos bicis más en los lados que me impiden usar el espacio vacío dado a que ambas están inclinadas hacia mi espacio, y además, como tengo un cesto delante, siempre requiere espacio extra, lo cual hace el doble de complicado encontrar un sitio siempre.

Con una mano empujo un poco la bici de la izquierda. El espacio que se abre es justo el que el cesto de la mía (oh-oh, de nuevo el cesto) requiere para entrar, entonces con la otra mano la empujo hacia el tubo donde puedo encadenarla, pero entonces algo no me deja avanzar. Me frustro y pierdo la paciencia. No me importa qué es y empujo con todas mis fuerzas mientras sigo sosteniendo la otra bici de la izquierda.
Al mirar hacia el suelo, descubro que el pedal de la otra bici a la derecha se ha enganchado a mi pedal y no me deja avanzar.

Retrocedo un poco. Suspiro profundo, y trato de maniobrar la llanta delantera en la posición que no choque con el pedal aquel, pero ajá, ahora me olvidé de sostener la bici de la izquierda. No, no me doy por vencida y una vez más insisto. Siguiente intento, y me fijo de tomar en cuenta ambas bicis y hago todo lo que debo hacer. Y negativo, no quepo. Aún así no puedo aparcarla. Caramba, no hay espacio para mí, me digo.

Suspiro de nuevo. Estoy cansada, obstinada y decepcionada decido seguir avanzando por la calle.

Pienso varias cosas mientras camino, entre otras que ese espacio era algo único que no iba a encontrar más en una calle tan transitada como lo es Prinsengracht en un día con tanta gente y bicis por todos lados. El sol brilla, y me ha hecho olvidar rápidamente lo acontecido. Move on, Mindi, me digo.

Será de no creer, pero no había transcurrido dos minutos del suceso cuando lo divisé.
Estaba allí solo, esperando por mí, en la intersección del mismo canal con la calle Berenstraat, aún más cerca a la multitud y del sitio al que me dirigía, en el lugar donde nadie hubiese esperado encontrarlo: ¡El aparcamiento!… Y me decía “Tómame”, y me acerqué.
Esta vez las bicicletas de los lados estaban correctamente en sus lugares y nada, nada impedía que las llantas ó el pedal quepan. Ni siquiera el cesto aquel que me había causado el principal problema a la hora de parquear hace dos minutos. No, mi cesto era ampliamente bienvenido. Cinco segundos me tomó el colocarla y ponerle el candado y felizmente marcharme hacia el café adónde voy a sentarme a trabajar esta tarde.

¡Entendí la lección, caramba! ¿Cuántas veces nos hemos aferrado a que sí sea ese algo que NO nos calza?

No, esa relación es difícil hasta las patas y sigues insistiendo en que sí, sí, sí, y la vida te dice no, no, no, pero tú quieres que sea Sí aunque duela todo el tiempo. Tienes miedo a caminar esos metros porque temes que estás dejando atrás al mejor “parqueo” de tu vida.
Igual con ese trabajo que no te llena o que detestas; y con esas amistades tóxicas, y con todo lo demás que lleva tiempo haciendo mella, ¿me entiendes?, quitándote tu paz (y no estoy hablando de problemas temporales sino de problemas perennes, donde no hay crecimiento solo oscuridad).

Y un día te darás cuenta que si lo dejas ir, que si dejas de insistir con eso que no te calza, porque tienes una cesto único que no cabe en todos lados, tal como mi bici, un día caminando por ahí te vas a encontrar con que hay un espacio que parece que hubiese sido diseñado para ti. Para ti y tu cesto, eso que te hace único y te has convencido hace de ti un problema. Pues sí que existe, pero para llegar allí habrá que dejar ir todo lo que no te quede y adentrarse en la incertidumbre de los nuevos comienzos y los nuevos caminos.

No estoy hablando de huir de los desafíos que las situaciones, relaciones, trabajos pueden tener. Estoy hablando de dejar de ser masoquistas y de dejar de insistir con cosas que llevan largo rato hiriéndonos y demostrándonos que es momento de dejar de insistir.

Un día te darás cuenta que tu cesta su cabía, pero en otro lado. Pero primero tendrás que dejar ir el “aparcamiento” donde, más claro no podía estar, no era tu sitio.
Te lo prometo, ese día va a llegar.

Con cariño,
Mindi.

4 thoughts on “No insistir con lo que no te queda

  • Me encantó tu experiencia y el relato han vivido. Te cuento que estoy en la fase de encontrar otro parqueo (trabajo, país,relaciones de amistad y amorosas) si todo junto, y es que me di cuenta que a veces debemos observar esas señales que nos apuntan claramente a seguir, a no resistir y fluir. Te comentaré cómo me va 🙂 te mando un abrazo 🤗 con calor Guayaco.

    • Genial tu experiencia, gracias por compartir. Te deseo todos los éxitos del mundo, te lo mereces, además que el éxito sigue a los que se animan a seguirle a la vocecita interior.
      Grande Cari,
      Abrazos!

  • Que lindo! me encantó! lo tendré muy presente de ahora en adelante, lo que es pata ti, lo es aunque te quites y lo que no, aunque te pongas.

    • Hey Liss,
      Así mismo es como dices… Vamos aprendiendo en el camino, lo bueno es no olvidarnos en el camino de esas lecciones aprendidas, así no volvemos a caer en lo mismo!
      Saluditos!

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