Los Rostros de Lisboa

Los Rostros de Lisboa

The Story:

Tu plan era ir a Oporto, y has ido a parar por segunda vez a Lisboa por una cuestión de vuelos durante las festividades de Navidad y Fin de año. Sí, has ido sola y eso no es novedad para ti. Después de todo eres una viajera con experiencia… Claramente no sabes muy bien por qué, pero sabes que tienes que volver a ese país de nuevo, aunque hayas estado allí tres semanas antes. Amigos que tal vez verás, la pequeña probadita de tres días que le diste previamente a Lisboa que te marcó. Todo probabilidades de porqués.
Y eso a la final no importa mucho.

¿El plan?
Unos días en la capital Portuguesa, un par de noches en un low-budget hostel, tu equipaje de mano, tu ordenador y tu cámara, y luego un bus o tren que te llevará a Oporto donde pasarás fin de año.

No tenías idea de que en esos días probarías el sabor de la desconexión, no era tu plan. ¿Conectarte a Wifi en cada café?… ¿Subir fotos a Instagram en vivo y en directo?… Increíble es que has llegado a preguntarte algo más importante luego de esas dos preguntas: ¿Y para qué necesito yo hacer eso?…

No. No necesitas chatear con alguien que no está presente cada vez y cuando. Ni necesitas decirle al mundo que te lo estás “pasando bomba” aquí y ahora. Primero necesitas pasártela bomba, sentirlo, internalizarlo. Que sea de verdad.

Decidiste entonces que querías quedarte allí los ocho días. ¿Para qué irte a otro lugar si este te hace bien?
Has atraído como imán conversaciones agradables con personas de diferentes nacionalidades y en diferentes escenarios.
Has entendido el ritmo de la ciudad y el de las olas Atlántico que baña su costa; y sus azulejos coloridos, y sobretodo a esta gente que te lo ha contado todo sin haberse enterado.

¿El resultado?

Conociste a Lisboa de verdad. Lento. Ahora sabes que las personas allí caminan despacio, visten modestamente y por lo general dan ese aire de no querer llamar la atención. En la mitad de la Avenida Liberdade aún se sientan los transeúntes a tomar un café o una cerveza. El invierno promedia los 12 grados. El sol brilla cada día. Las escalinatas que suben hacia el Bairro Alto y Chiado te han llevado hacia cafés, hacia el jardín botánico, hacia las personas que te han contado historias del lugares con sus caras.

Has llegado allí con una carga de estrés, cansancio, ansiedad, que ni siquiera sabes qué lo ha causado, pero esta ciudad, y las vecinas Cascais y Almada, te lo han lavado sin que te dieses cuenta. Eres libre de pronto.
Una paz empieza a emerger, y solo tus fotos son testigo de lo que te ha sucedido.
Has aprendido que los rostros de las personas cuentan historias. Que los lugares son esa gente y lo que ellos hacían mientras a escondidas capturaste momentos.

Y estos son, pues, mis momentos:

Con cariño,
Mindi



4 thoughts on “Los Rostros de Lisboa”

  • La gente esta tan preocupada de gritarle al mundo su “felicidad” que no dejan de publicarla en sus cuentas sociales. Me alegra que te hayas tomado el tiempo de disfrutar tus bellos momentos y despues te hayas sentado para dejarlos documentados en un post. La vida hay que disfrutarla de forma a veces egoista y despues si se nos antona la compartimos con el mundo.
    Abrazos desde un new york muy frio

    • Así es mi querida Pettite, más vale apagar el aparato un rato, unos días, y que no perdamos ni el rato ni los días.

      ¡Abrazo de oso, lectora!

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